11 Datos Curiosos sobre Eros: el Dios del Deseo
Eros es una de las figuras que más cambiaron dentro de la mitología griega. Hoy resulta fácil imaginarlo como un pequeño dios alado armado con arco y flechas, pero las fuentes antiguas ofrecen una imagen mucho más amplia: podía ser una fuerza primordial del universo, un joven capaz de dominar a dioses y mortales o incluso una figura filosófica situada entre lo humano y lo divino.
Su evolución permite descubrir cómo los propios griegos reinterpretaron el amor y el deseo a lo largo de los siglos, y cómo algunas de las características que actualmente asociamos con Cupido aparecieron mucho después.

Número 11. Su nombre era también una palabra para el deseo
Antes de ser únicamente el nombre de una divinidad, eros designaba en griego una forma intensa de deseo o amor. En la poesía homérica todavía aparece el concepto sin que Eros funcione claramente como un dios personificado.
Esto ayuda a entender su naturaleza mitológica: Eros no representaba simplemente el romance, sino una fuerza capaz de provocar una atracción difícil de controlar. La divinidad terminó dando rostro y personalidad a esa experiencia humana.
Número 10. Al principio no parecía el típico bebé alado
Las representaciones modernas de Eros deben mucho más al arte helenístico y romano que a las imágenes griegas anteriores. En el arte clásico solía aparecer como un joven hermoso con alas, no como el niño pequeño y regordete que hoy se relaciona inmediatamente con Cupido.
Durante el período helenístico, entre 323 y 31 a. C., comenzó a popularizarse su representación infantil. Uno de los ejemplos más célebres es el tipo escultórico conocido como Eros dormido, que posteriormente tuvo numerosas copias y variantes romanas.
Número 9. No todas sus flechas tenían el mismo efecto
Eros terminó siendo inseparable del arco y el carcaj, pero la conocida oposición entre flechas que provocan amor y flechas que producen rechazo pertenece especialmente a la tradición literaria desarrollada en época grecorromana.
En las Metamorfosis de Ovidio, el equivalente romano de Eros utiliza una flecha con punta de oro para despertar el amor y otra de plomo para alejarlo. Esta escena, vinculada al mito de Apolo y Dafne, contribuyó enormemente a la imagen posterior de Cupido controlando los sentimientos mediante sus proyectiles.
Número 8. Una de sus imágenes sagradas era simplemente una piedra
Mucho antes de algunas de las refinadas esculturas dedicadas a Eros, existió en Tespias, una ciudad de Beocia, una forma de culto sorprendentemente sencilla.
El viajero griego Pausanias cuenta que los habitantes de Tespias veneraban especialmente a Eros y que su antiquísima imagen sagrada era una piedra sin tallar. Esto demuestra que la adoración del dios precedía a muchas de las representaciones humanas y aladas que terminaron haciéndolo famoso.
Número 7. Algunos de los mejores escultores griegos representaron a Eros
El sencillo objeto de culto de Tespias convivió posteriormente con obras mucho más sofisticadas. Pausanias menciona una estatua de mármol realizada por Praxíteles y otra de bronce creada por Lisipo, dos de los escultores más prestigiosos de la Grecia antigua.
Eros tampoco se limitaba a Tespias. Fue venerado junto a Afrodita en Atenas y estuvo relacionado con espacios como santuarios, gimnasios y ceremonias vinculadas al cortejo y al matrimonio. Su importancia religiosa era considerablemente mayor de lo que su imagen moderna de personaje travieso puede sugerir.
Número 6. Existían otros dioses que representaban distintas formas del deseo
Eros formaba parte de un universo mitológico en el que el amor podía dividirse en diferentes impulsos personificados. Entre sus compañeros más conocidos estaban Pothos, asociado al anhelo, e Himeros, relacionado con el deseo.
Esta asociación llegó incluso al arte religioso. Pausanias describió en Megara un conjunto escultórico relacionado con Afrodita en el que aparecían Eros, Pothos e Himeros, atribuido al célebre escultor Escopas.
Con el tiempo, estas figuras y otras divinidades aladas del amor serían agrupadas bajo el nombre de Erotes.
Número 5. Platón llegó a decir que Eros no era propiamente un dios
Una de las versiones más sorprendentes aparece en El Banquete de Platón. En el discurso atribuido a Diotima, Eros no es presentado como un dios perfecto e inmortal, sino como un daimon, un ser intermediario entre los mortales y los dioses.
Platón le da además unos padres completamente diferentes: Penia, personificación de la Pobreza, y Poros, asociado al Recurso o la capacidad de encontrar medios. La combinación explica filosóficamente el deseo: quien desea carece de aquello que busca, pero al mismo tiempo posee el impulso necesario para perseguirlo.
Número 4. La famosa historia de Eros y Psique nos llega principalmente de un autor romano
El romance de Eros y Psique suele presentarse como uno de los grandes mitos griegos, pero la narración antigua completa que conservamos procede de Las metamorfosis, también llamadas El asno de oro, una novela escrita en latín por Apuleyo durante el siglo II d. C.
En ella, Psique es una mortal de extraordinaria belleza que acaba convirtiéndose en la amante secreta de Cupido, el Eros romano. Tiene prohibido contemplar su rostro, pero termina observándolo a la luz de una lámpara y provoca su separación.
Después comienza una larga serie de pruebas impuestas por Venus antes de que la pareja pueda reunirse definitivamente.
Número 3. Eros y Psique tuvieron una hija llamada Placer
La historia de Apuleyo no termina simplemente con la reconciliación de los amantes. Júpiter ordena que Psique sea llevada al cielo y le entrega ambrosía para convertirla en inmortal, permitiendo así que su unión con Cupido sea permanente.
Al final del relato nace una hija cuyo nombre latino es Voluptas, es decir, Placer. El desenlace une de manera especialmente simbólica tres ideas: Eros representa el amor o deseo, Psique significa alma y de su unión nace el placer.
Número 2. Para los antiguos, Eros podía ser una fuerza peligrosa
La imagen romántica y amable de Cupido oculta una característica esencial del Eros antiguo. Las fuentes literarias griegas de los siglos VI y V a. C. podían presentarlo como una potencia caprichosa e incluso cruel, responsable de un deseo abrasador.
Su poder tampoco estaba limitado a los humanos. Eros era imaginado como una fuerza capaz de dominar la mente tanto de mortales como de divinidades. En este sentido, enamorarse no era necesariamente una elección voluntaria: podía sentirse como el ataque irresistible de un poder exterior.
Número 1. Eros existía antes que muchos de los grandes dioses
La mayor sorpresa sobre Eros aparece en una de las fuentes fundamentales de la mitología griega. En la Teogonía de Hesíodo no comienza siendo el hijo juguetón de Afrodita, sino una de las primeras potencias que aparecen en la formación del cosmos.
Tras Caos aparecen Gaia, el Tártaro y Eros. Zeus, Poseidón, Hades y el resto de los grandes dioses olímpicos pertenecen a generaciones divinas muy posteriores.
Este Eros primordial tiene una función mucho más profunda que disparar flechas de amor: representa el impulso de atracción y generación que permite que nuevos seres puedan surgir. La transformación posterior de esta fuerza cósmica en el joven alado asociado con Afrodita demuestra hasta qué punto un mismo personaje podía adquirir identidades diferentes dentro de la tradición griega.
Preguntas frecuentes sobre Eros
¿Eros y Cupido son exactamente el mismo personaje?
Cupido es el equivalente romano de Eros y ambas figuras terminaron compartiendo prácticamente la misma iconografía. Sin embargo, la tradición romana desarrolló y popularizó algunos rasgos propios, por lo que no todas las historias atribuidas posteriormente a Cupido proceden de los períodos más antiguos de la mitología griega.
¿Eros aparece como dios en los poemas de Homero?
No de la misma forma en que aparece posteriormente. En Homero existe eros como un deseo físico intenso, pero todavía no se presenta claramente como la divinidad personificada que encontramos en otras tradiciones griegas.
¿Qué significa el nombre Psique?
El griego psyché puede significar alma. Por eso la unión entre Eros y Psique adquirió posteriormente una enorme fuerza simbólica: podía interpretarse como el encuentro entre el amor o deseo y el alma humana.